martes, 9 de octubre de 2012

DE NORMANDOS Y DEMONIOS. ROBERT LE DIABLE DE MEYERBEER


1.- Aclaración e introito.
Hace bastante tiempo, en la primera versión del Correo de la Ópera, subí como entrada una reflexión acerca de "Robert le Diable" de Meyerbeer. Tiempo después la vi reproducida en distintos blogs, in totum o en partes.
En las dos reformas sucesivas del blog opté por suprimirla. Habiéndole hecho algunas modificaciones e incorporándole otras precisiones, creí oportuno republicar aquella antigua entrada, anejándole una  versión tomada en vivo en 2001, en la Ópera de Berlín. La idea es apreciar esta auténtica "joyita" del mundo lírico en su magnitud plena. En mi humilde criterio, existen versiones mejores (vgr. la de Vanzo, Ramey, Anderson), pero la que aquí se presenta resulta ser bastante completa, resultando óptima para su presentación en el blog.
Vamos a lo que nos interesa.
Si bien a nivel mundial se registra una redifusión de las obras de Giacomo Meyeerber, en Argentina, la tendencia hoy resulta nula. Paradójicamente, fue un compositor que gozó de amplia popularidad hasta las primeras décadas del siglo XX. Un ejemplo de esa aceptación que el compositor obtenía en el Río de la Plata, fue enecarnada por Miguel Cané (el autor de la novela Juvenilla) quien apreciaba profundamente la música de Meyerbeer, mientras resistía a Verdi o a los compositores veristas. Luego, de manera repentina, desapareció de las temporadas líricas. Así, la última vez que el Teatro Colón de Buenos Aires llevó a escena una de sus óperas fue en 1921, con Les Huguénots.
He elegido para esta entrada su Robert le Diable, estrenada mundialmente en 1831.
Razones diversas me han guiado a incluirla en las páginas del Correo. En primer término, la ausencia de la música de Meyerbeer en el Río de la Plata y el parco conocimiento que actualmente se tiene sobre la misma. En segundo lugar, la necesidad de considerar las producciones de Meyerbeer en toda su dimensión para lo cual es necesario disponer de elementos que permitan estudiarla y debatir sobre ella. En tercer término porque creo que hay afirmaciones sobre Meyerbeer y su obra que son aceptadas como dogma (vgr. exigencias vocales, número de cantantes o el despliegue escénico) que, paulatinamente, deben revisarse. Finalmente porque Robert le Diable no sólo delineó la ópera francesa durante el periodo romántico sino que marcó a fuego el éxito del compositor, transformándolo en el niño mimado del público parisino, el cual se rindió a sus pies.
Meyerbeer, con su Robert, consolidó un estilo operístico particular, la Grand Opera,  bosquejado anteriormente por Daniel François Auber en La Muette de Portici (1828) y Gioacchino Rossini en Guillaume Tell (1829). Así las cosas, su nombre aparece ligado indisolublemente a este género cuyas notas principales fueron el drama histórico medieval o renacentista, la variedad de personajes, la intervención de imponentes masas corales y la incorporación del ballet a la representación, todo ello enmarcado en un gran despliegue escénico.

2.- La composición.
Veamos un poco la historia de esta ópera. Luego del éxito cosechado en Venecia con Il Crociato in Egitto (1824), concebida en un claro estilo belcantista, Meyerbeer se trasladó a París. En la capital gala, permaneció siete años sin componer óperas italianas, para mutar, finalmente, hacia el estilo francés. Influenciado por el éxito de Carl María Von Weber en Der Freischutz, buscó para una ópera un tema en el cual estuviera presente el Diablo. Así, en 1827 trabajó en torno a una ópera cómica de tres actos para el Teatro Feydeau titulada Robert le Diable. No obstante, el éxito de La Muette de Portici y posteriormente de Guillaume Tell lo impulsaron a trabajar en una ópera seria de cinco actos.
Se tiene dicho que Meyerbeer fue un músico obsesionado por la fama, al extremo de llegar, inclusive, a pagar para que aplaudieran muchas de sus obras. No obstante, genialidad musical no le faltó y esta obra, en buena medida, así lo demuestra. Dejando de lado los elementos insólitos del argumento, la ópera tiene excelentes momentos que deben ser apreciados. Ejemplos de ello son los actos I y III. El preludio de la ópera, constituye una serie de variaciones temáticas con movimientos escénicos en las que sobresale el tema de la invocación de las monjas que aparecerá en el Acto III. La emotiva intervención de Alice reviste gran belleza musical. Es más, si tomáramos como base el acto I y III, podríamos decir que en Robert le Diable la orquesta va camino a convertirse en un teatro de acción musical donde los motivos desempeñan el papel de personajes y tanto las variaciones como las modulaciones de dichos motivos pueden ser comparados con una serie de acontecimientos musicales.
El acto III, tiene una importante trascendencia dramática y psicológica. Es aquí cuando Bertram, que es un ser infernal, desarrolla su personalidad y canta una de las arias más importantes del repertorio francés (Nonnes qui reposez). Pero debe destacarse el ballet, el cual integra ineludiblemente una parte de la acción. En él, Robert, sucumbe ante los poderes infernales, piedra de toque del argumento diseñado por Scribe, y se halla enlazado directamente con la redención final del héroe, la cual no se entendería con la omisión del ballet.
Por su puesto, en el acto IV también podemos encontrar páginas memorables. El gran dúo entre Isabelle y Robert posee gran calidad y hallamos la famosa cavatina de Isabelle (Robert, toi que j´aime) intensamente melodiosa. Por su parte, debe destacarse dentro del Acto V, el trío de Alice, Robert y Bertram, el cual constituye un claro anticipo de lo que Meyerbeer concebirá para el futuro Acto IV de Les Hugonotes. Amén de ello, debe sumarse el sorprendente final de la ópera, elementos que ameritan prestar atención a esta composición.
Vale la pena aclarar que, en años posteriores (1838), Meyerbeer hizo leves modificaciones a la partitura original. Básicamente se trató de la inclusión para el rol de Robert, al comienzo del acto II, del recitativo y aria Où me cacher?... Oh! ma mère, ombre si tendre, así como su pertinente cabaletta (Ciel, qu’entends-je?), destinadas al célebre tenor Mario, quién en esa época lentamente se abría camino en el mundo de la ópera.
Tampoco es ocioso recordar que, el increíble éxito de Robert le Diable, motivó –sólo en París- la realización de más de 760 representaciones en un lapso de sesenta años. Tal fue su impacto que, el célebre pintor impresionista Edgar Degas (1876), a pedido de la cantante Elie Faure, decidió realizar dos lienzos con temas de la obra de Meyerbeer. Uno de ellos acompaña a esta entrada y refleja el momento en cual las monjas, resucitadas por Bertram, bailan furiosamente a la luz de la luna, en el ruinoso claustro de Santa Rosalía.

3.- El Roberto histórico.
En otro orden de ideas, amerita indicar que la ópera cuenta con el libreto de Eugène Scribe y Germaine Delavigne, combinando leyendas medievales con la figura histórica de Roberto, Duque de Normandía y padre de Guillermo el Conquistador, conocido también en su época como El Diablo, El Liberal o El Magnífico, a quien los romances medievales describieron como un personaje maldito, cuyo alumbramiento desató nevadas, huracanes, truenos y hasta un tenebroso fuego que abrasó poblados, todo ello producto del pacto que su madre sostuvo con el demonio al momento de concebirlo.
El protagonista de esta ópera, en su faz histórica, nació probablemente en el año 1010, en Rouen (Normandía), como hijo de Ricardo I, apodado Sin Miedo. En vida fue acusado de dar muerte a su hermano Ricardo II El Bueno, a fin de sucederlo en el ducado normando en 1028, centrando sus primeros esfuerzos en reprimir rebeliones intestinas, asistir al rey Enrique I de Francia, contra los hermanos rebeldes de éste, intervenir en las cuestiones de Flandes, y además sostener a su primo Eduardo El Confesor, exiliado en Normandía, tras el sometimiento de Inglaterra al rey Sven I de Dinamarca. En todas estas luchas, Roberto mostró gran firmeza y brutalidad, motivos que le valieron el sobrenombre de El Diablo. Posteriormente, frente a la hambruna desatada en Occidente y como forma de obtener el perdón de sus pecados juveniles, inició una peregrinación a Jerusalén. Ya de regreso, la muerte lo sorprendió el 2 de julio de 1035 en Nicea (Asia Menor), muy probablemente víctima de un envenenamiento, dejando como único heredero a su hijo natural, Guillermo, quien años más tarde se convertirá en Guillermo el Conquistador.

4.-Sinopsis argumental.
Ante todo debe advertirse al lector que, el argumento de la ópera, dista mucho de la realidad histórica. Veámoslo un poco.
Robert, duque de Normandía es fruto de la unión entre la noble Bertha, y Bertram, un discípulo de Satanás. En tierras normandas, Robert ha cometido un sinnúmero de tropelías que han llevado a desterrarlo en Palermo, Sicilia. Allí conoce a la Princesa Isabelle, de quien se ha enamorado, pero en un arranque de celos la ha insultado, al intentar raptara. El padre de ésta ha dispuesto la detención del joven normando. En tanto, Bertram, disfrazado de caballero, ha salvado a Robert de caer en prisión, trabando amistad con él.
El acto I comienza en una playa cercana a Palermo, donde Robert y Bertram cantan a los placeres de la vida. En el lugar los trovadores y juglares corean coplas alegres, atraídos por un toreno que se ha de celebrar al día disguiente. Allí está también Raimbaud, el trovero, que no reconociendo a Robert, entona una balada sobre el rey de Normandía, en la cual se identifica a Robert como hijo del demonio (que no es otro que Bertram), pues su madre, Berthe, habría sido seducida por el infernal ser. Raimbaud es desafiado a luchar por Roberto, quien revela su identidad. En ese momento aparece Alice, la medio hermana del guerrero normando, la cual también es la prometida de Raimbaud. Alice le menciona que su presencia en la isla no es casual. Es portadora de infaustas noticias. Informa a Robert que Berthe ha muerto, trayendo consigo su palabra postrera: un oscuro poder intenta precipitarlo en las tinieblas. Pero también Alice tiene una carta de Berthe escribió para Robert que, únicamente, podrá entregársela a éste cuando el joven normando sea digno de ello. Robert le confiesa a Alice su amor por Isabelle y pese a ser correspondio por ésta, ha intentando raptarla. El hecho fue impedido por un grupo de caballeros de los cuales logró huir gracias a la intervención de su amigo Bertram. Entonces, Alice le pide a Robert que escriba una carta de reconciliación a su amada Isabelle. Ella misma será quien la entregue, siempre que Robert perdone a Raimbaud y brinde su permiso para casarse con él al día siguiente en la montaña de Santa Irene, cosa que aquél acepta. Reaparece Bertram y Alice se estremece. Su figura se asemeja a un monstruo infernal que ha visto en una pintura de su aldea en Normandía. Cuando Alice se marcha, Bertram incita a Robert a jugar una partida de dados. En ella Robert pierde todas sus posesiones, incluso su armadura, mientras Bertram lo consuela.
Acto II. El cuadro primero transcurre en una sala del palacio de Isabelle. La joven se lamenta  que su padre, el rey, haya decidido premiar con su mano al vencedor del torneo. Ella ama a Robert. Entra Alice con la carta de su medio hermano, para luego ser el propio Robert quien aparece. Es recibido por la anhelante Isabelle, quien lo perdona le hace entrega una nueva armadura a fin que pueda batirse en un torneo cuyo ganador obtendrá su mano en matrimonio. El rival es el Príncipe de Granada. Aparece Bertram y oye esto. En un esfuerzo por evitar la participación en el torneo, Bertram paga a un escudero para que, en nombre del Príncipe de Granada, rete a Robert a un duelo a muerte, pero no en el torneo, sino en el bosque.
En el segundo cuadro, el Príncipe de Granada desafía públicamente a todos los interesados en obtener la mano de Isabelle, pero Robert no aparece. No habiendo oposición, el Príncipe de Granada obtiene la mano de Isabelle. El joven normando ha ido a batirse en un duelo inexistente, producto de las artimañas de Bertram. 
Acto III. La acción del primer cuadro transcurre en la montaña de Santa Irene, a las puertas de una caverna. Raimbaut está en el lugar, a la espera de Alice y es sobornado por Bertram con una bolsa de oro. Ahora que es rico Rimbaut podrá buscarse una nueva muer. Bertram, dichoso, disfruta con su nueva conquista y planifica hacer lo mismo con Robert. De hecho, tiene pensado entregarlo al Diablo ese mismo día. Rimbaut se marcha y Bertram ingresa en la caverna. En tanto, un coro de demonios brota de la gruta, cantando alabanzas a Satán y a Robert. Entra Alice. Observa como Bertram surge de la caverna en plena realización demoníaca, ante lo cual éste amenaza con matarla, pero Alice se aferra a la cruz en señal de protección. La oportuna llegada de Robert, libra a su medio hermana de un trágico final y asustada aprovecha para huir. Robert se queja de su deshonor, pues no se ha presentado a la justa con el Príncipe de Granada.Bertram lo convence de que alguien le tendió una trampa y si se perdió en el bosque fue por algún maleficio de su rival. Nuevamente Bertram persuade a Robert sobre la posibilidad de cambiar su suerte a través de una rama mágica de ciprés que puede hacerlo invisible. Para ello deberá buscarla en el convento de Santa Rosalía.
El cuadro segundo, ocurre en el claustro derruido del Convento de Santa Rosalía. Bertram abandona a Robert en el ruinoso paraje, donde podrá hallar la rama mágica. En tanto, salen de sus sepulcros los espíritus de un grupo de monjas libertinas, guiados por su Abadesa y bailan una furiosa bacanal. Los espectros intentan seducir a Robert apelando a distintos medios: la bebida, el juego y el amor. Robert se apodera de la rama y desaparece. Los espíritus de las monjas licenciosas, se hunden en sus tumbas.
Acto IV. Nos encontramos en la recámara de Isabell. Allí, la joven es asistida por sus damas, mientras se prepara para celebrar la boda con el Príncipe de Granada. Llega Roberto quien, invisible y mediante un hechizo, pone a dormir a los presentes. Sin embargo, despierta a Isabell y ésta le reprocha no haberse contestado al desafío efectuado por el Príncipe de Granada. Robert amenaza con raptarla, ante lo cual la princesa le ruega se apiade de su suerte pues ella no ha dejado de amarlo. Roberto, acongojado, se rehúsa creerle y en su desesperación rompe la rama mágica de ciprés. El hechizo desaparece y todos despiertan. Roberto, capturado por los soldados, es arrojado del lugar.
Acto V. La acción transcurre en el atrio de la catedral de Palermo. Los monjes rezan. Robert llega junto con Bertram, le pide que lo siga por siempre. Robert vacila. Ante la situación Bertram admite ser su padre, estando dispuesto a faltar a su juramento de entregarlo al Diablo. Si a medianoche no ha conseguido el alma de su hijo, nunca más volverá a verlo. Cuando Robert decide seguir a Bertram, aparece Alice anunciando que el Príncipe de Granada ha rechazado el himeneo con Isabelle. La princesa es ahora libre para casarse con Robert. Alice, entonces, lee el testamento que su madre dejara Robert. En él le pide que renuncie al Diablo. Se escuchan las campanadas del reloj que anuncia la llegada de la medianoche. El plazo para entregar a Robert al Diablo ha expirado y Bertram se hunde en el Infierno. El joven duque de Normandía se entrega a los brazos de Isabelle mientras un coro celestial canta alabanzas a Dios.

Robert le Diable subió a escena por primera vez el 21 de noviembre de 1831, en la Ópera de París. Fueron sus intérpretes Julie Dorus-Gras (Alice), Laure Cinti-Damoreau (Isabelle), Nicolas Prosper Levasseur (Bertram) y el célebre Adolphe Nourrit (Robert). En Buenos Aires, la ópera se representó recién en 1854, en el viejo Teatro de la Victoria, gracias al arribo a esta ciudad de compañías de ópera francesa.

El reparto de la versión que acompaña la presente entrada es el siguiente:

Robert le Diable................Jianyi Zhang
Isabella.............................Nelly Miricioiu
Alice.................................Brigitte Hahn
Bertram............................Kwangschul Youn
Rimbaut............................Stephan Rügamer
Albert...............................Evgenij Alexiev
Heraldo............................Andreas Schmidt
Director de Orquesta........Marc Minkowski


CD1

CD2

CD3






2 comentarios:

robin dijo...

Hello - -
After Google's translation, I go the hang of what you were saying. Even though the English translation was done in your Spanish syntax order it was still quite interesting. Thank you.
Question? Where was this Minkowski performand done, and on what dates, if you are permitted to tell that info. Gracias mucho!
Bob

El Correo de la Ópera dijo...

Ok, no problem